Ni protegido ni redimido por santidad, sabiduría o asepsia alguna: soy hijo de mi época, testimonio viviente y malagradecido de la seudointelectualidad pequeño burguesa de clase media. Muerdo la mano que me alimenta, pero se que estos mordiscos, blandos y complacientes, no buscan emanciparse sino coquetear con el poder, bufonear y ganarse el derecho a ser el loco de la corte, aquel que por ser gracioso y mono puede decir la verdad. De ahí mi insistencia en modular la prosa y degollar títeres con sevicia.

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